En Gerona ya habíamos estado en muchos pueblos costeros;
Tossa de Mar, Ampuria Brava, Rosas, Cadaqués y alguno más. El interior no lo
habíamos explorado hasta ahora. La segunda semana íbamos a coger un vuelo a
Malta desde Gerona capital, entonces tomamos como centro neurálgico para la
primera semana un hotel de esta ciudad. Desde allí, después de un buen
desayuno, conducíamos a un punto u otro de la provincia y por la tarde noche
volvíamos para cenar y tomar unas copas. Llevaba planeadas todas las visitas a realizar
cada día, pero yendo con nuestro vehículo el improvisar fue otro aliciente más
para disfrutar las vacaciones.


Después dimos un paseo viendo el atardecer sobre los puentes
del canal y tomamos unas cervezas en un pub bajo unas arcadas de una zona
peatonal.
El día siguiente lo dedicamos a visitar el lago de Banyoles,
Besalú y por la tarde el museo Dalí en Figueres. El pueblo de Banyoles no es
nada bonito pero sólo por el lago ya merece la pena la visita. Las fotos de los
embarcaderos privados, los nenúfares, los botes azules y la chiquillería
disfrutando del lugar son obligadas.
Besalú es un buen sitio para pasear por sus calles, comprar algo de artesanía,
comer en alguno de sus restaurantes o descubrir su variada historia medieval.
Es una chorrada pero la gente va buscando las sillas apostadas en los muros de
alguna callejuela. Dalí es una marca por si sóla (como ejemplo la exposición de
este verano en el Reina Sofía). Sin contar con las muchas extravagancias que
llenan el museo es indispensable verlo para saber porque este showman era el
rey del surrealismo. Eso sí, se disfrutaría más con menos gente. Cuando marqué
el itinerario del día me olvidé del Fuerte de San Ferrán que tuvimos que ver
posteriormente. Es un fuerte militar en muy buen estado que ocupa casi tanto
como la ciudad. La visita tiene un precio de 2 euros y te dejan una audioguía
que no hay que dejar de coger. En internet pude ver que hay unas excursiones
guiadas haciendo rafting por los subsuelos del fuerte que sirven de
almacenamiento de agua para la ciudad. Hay que concertar cita y formar grupos
de por lo menos ocho personas.



Cuando estuvimos en Besalú, en la oficina de turismo, nos
dieron información sobre la zona volcánica de la Garrocha. El centro neurálgico
de la zona es Olot. El día que estuvimos se celebraba el mercado de frutas y
verduras y había mucho jaleo en el bulevar.
Lo más interesante para ver son sus
casas modernistas y el volcán Montsacopa.
Junto al cráter de este volcán está
situado un viejo cementerio y una torre vigía que tiene unas buenas vistas. Al
acabar el paseo cogimos el coche para
ir a Santa Pau. Un pueblo con encanto a las faldas del volcán Santa Margarida.
Hay una excursión de unas tres horas al cráter y a la ermita que con tiempo nos
hubiese gustado hacer pero como era tarde optamos por ir al volcán Croscat.
Esta montaña es muy interesante porque fue cantera y ha quedado abierta como si
de una tarta se tratase. En el corte se ven claramente los diferentes estratos
de roca y lava volcánica dejando un paisaje de rojos y negros que dibujan una
paleta de colores muy variada junto al azul del cielo y el verde de la
vegetación.

Ya en Gerona cena en un japones junto a la ría y para postre
de nuevo Rocambolesc donde comimos un panet, un invento de Jordi Roca que
consiste en un sándwich caliente de helado (por supuesto, frío).
El helado de
manzana asada con sus topings le iba
muy bien. Como bien decía el dependiente es una merienda ideal aparte de un
postre.
En estos días disfrutamos también de las playas de Palamós,
Rosas y sant Pere Pescador. De interior, además de los dichos, estuvimos en
Beuda, Ullastret, Canapost y Castellfollit de la Roca. El abanico de sitios
para ver es muy grande en la provincia y se hubiese necesitado más tiempo para
ello. Por lo tanto, han quedado cosas pendientes para repetir el destino.