Sí, soy culpable, juego al golf, o lo intento. Las temperaturas han subido y el cielo se ha despejado. Ayer después de esperar medio año volví a tocar los palos y todo el resto de parafernalia del asunto (carrito, zapatos, pelotitas, guante, etc). La tarde prometía.
Lo que tiene este deporte, aparte de mala fama, es su dificultad. Pero claro, yo que he probado mil y una disciplinas deportivas tenía que intentar la 1002.
Para que la cosa no se me dispare económicamente tengo que engañar a alguien (les prometo un interesante paseo por el campo) para que haga de cady.
*¿Sabíais que el deportista mejor pagado de Nueva Zelanda es el cady de Tiger Woods?
Digo lo de económicamente porque, aunque las bolas que uso son baratas, no es cuestión de perder una pelota por lanzamiento, y como soy un poco miope necesito ayuda.
Hay veces que el campo está plagado de maravillosos y redonditos champiñones silvestres que hacen imposible la labor de búsqueda. Esta vez era la hojarasca blanquecina. Mi escudero, que creía imposible peder de vista algo que se está viendo, empezó a cavilar un método de búsqueda. Pero no hay nada, ni perros que persigan la bola, ni bolas con GPS, ni nada por el estilo.
Es el hombre contra la naturaleza.
Ya lo dijo Mark Twain “ el golf es un bonito paseo por el campo fastidiado por una pelotita”
En resumen, el paseo bien, saldo negativo en bolas –3, la tarjeta del campo en la que tenía que sumar 36 ascendió a 82, por no hablar del hoyo 7 en el que tuve que dar 16 golpes.

Para colmo cuando llegué a casa vi en internet que mi compañía de móviles Yoigo va a subir el establecimiento de llamada.
Pero da igual, porque todavía me río con muchas cosas y este chiste es una de ellas.
Ciao
Había un tío en un campo de golf... no le faltaba detalle, sus zapatitos especiales, su pantalón a cuadros, su visera, y por su puesto su bolsa de palos de golf de penúltima generación. El caso es que estaba el pavo empecinado sacudiéndole estopa a la pelotita, o intentándolo, porque la pelotita seguía tan ricamente en el tee (que es como se llama el pinchito donde se coloca la pelotita al empezar) mientras la madera del número 1 hacía volar chuletas (que es como los iniciados llaman a los cachos de césped que saltan al golpear la pelotita) por todas partes. Y el tío seguía y seguía con sus golpes y las chuletas volaban y volaban. Un curioso que andaba observando ese espectáculo, se decide a hablar y, con mucha educación y mucho tacto, le hace notar al masacrador chuletero si no necesitaría unas clases de golf y tal.
Nuestro equipadísimo golfista que se vuelve enojado y dice algo así como ¡Oiga usted! yo llevo muchos años jugando al golf, de hecho soy un experto en golf. Hasta he escrito un libro de golf y todo.
¿Cómo se llama el libro? inquiere el curioso intrigado.
Es un libro de gran éxito responde el paisano apoyándose sudoroso y jadeante en su madera de titanio del Nº 1, se titula ...
El golf... y la madre que lo parió.