Cuando accedes a la fortaleza pasas por una puerta levadiza y te das cuenta de su independencia al ver un puesto de bomberos, una gendarmería, y multitud de locales que viven del turismo y la religión.
El acceso estos días es muy agobiante por la cantidad de visitantes, por lo que se agradece la llegada a la abadía y su visita. El recorrido es interesante desde el principio. Hay unas maquetas que explican la evolución de la abadía desde sus comienzos hasta la restauración del arcángel del pináculo en nuestros días.
En el claustro un niño se mete un talegazo descomunal por jugar entre las columnas del claustro y no me extraña nada porque ya llevaba un rato viendo a muchos niños haciendo lo mismo.
Dentro de la iglesia hay unos frailes rezando y la gente les hace fotos como si no hubiesen visto rezar a nadie en la vida.
El GPS nos hace una ruta alternativa por unos caminos poco transitados y como sacados de las pelis de “Los chicos del maíz” o “Matanza en Texas”.
Nuestra visita empieza en el pueblo de Bayeux donde hay una bonita catedral, el cementerio británico, el memorial de los periodistas caídos ejerciendo su oficio, y el museo de la batalla de Normandía.
El desembarco no se podía llevar a cabo sin destruir antes las baterías antiaéreas de los alemanes.
En Longues Sur Mer en cambio se han conservado casi todos los cañones intactos y ahora el pueblecito recibe abundantes visitas por ello.
Continuará...