lunes, 19 de julio de 2010

Camino a la Bretaña.

Llevo dos días de vacaciones en los que me he chupado 800 km para llegar al Noroeste de Francia. El primer día tras una paradita en Biarritz hicimos noche en Burdeos. Me volví loco con el GPS, las calles cortadas, los tranvías y las obras. Después de dar vueltas durante media hora y conocer los polígonos donde hacen negocio las prostitutas baratas, conseguí acertar cómo acceder a la calle del hotel.
Burdeos me sorprendió porque es una ciudad donde hay marcha. Eso sí, salgo de Logroño que es el centro nacional de las despedidas de soltero y me encuentro lo mismo en esta ciudad francesa.
En los restaurantes de la zona se abusa un poco del emplatador redondo para disimular una comida de lo más normal.
La ciudad está plagada de vacas decorativas, con algunas de ellas verdaderamente originales.
La catedral pertenece al gótico francés como la de Nantes o Notre Dame de París. Junto a ella hay un antiguo palacio convertido ahora en “el hotel de la villa” o lo que es lo mismo, el ayuntamiento.
Lo que más me gustó fue el tribunal superior de justicia, un edificio que refleja arquitectónicamente la transparencia de la justicia y la solidez de sus cimientos.
Junto al río hay una balsa con chorros que hace las delicias de los niños durante estos días de calor.
Al día siguiente llegamos a Nantes donde está situado el chateau de los duques de Bretaña (uno de tantos que tenían, porque como ponía en una placa también tenían chateaus en todas las ciudades de los alrededores).
Me he dado cuenta que estos galos no tienen ni zorra idea de hablar francés, con lo que yo me esfuerzo y ellos “rien de rien” no ponen nada de su parte para intentar entenderme.
Estoy haciendo lo que más les jode, hablarles en inglés.
Entre el palacio de los duques y la catedral encontramos un buen sitio para cenar.
He aprendido que “pomme de terre” (manzana de tierra) es patata, el menú de dicho restaurante llevaba en todos los platos patatas. Los platos eran interminables y la gente se metía entre pecho y espalda cantidad de tubérculos y embutidos que no se muy bien donde iban a parar. http://www.amourdepommedeterre.fr/
Me vino a la cabeza un libro titulado “Porqué las francesas no engordan”. Es cierto en los dos días que llevo por estos lares no he visto apenas gente gorda. Si alguien se lo ha leído que me lo explique.
Continuará...

7 comentarios:

Mica dijo...

Pero que envidia carroñera me das. Me tendré que conformar con imaginar las cosas que cuentas y hacerme la idea de que he viajado a esos lugares. Sigue informándonos. Hay muchas cuestas? Es que a lo mejor es porque hacen mucho ejercicio andando por lo que no engordan las francesas...
Pásatelo muy bien.

Mica dijo...

Por cierto, acabo de ver las imágenes del enlace. Qué sitio tan acogedor, pero jamás hubiera pensado que era francés, si no más bien americano.

ulises dijo...

Pues cuestas no hay apenas. Habrá que esperar a ver quien se ha leído ese libro para saber a que viene esa aseveración.

Nieves dijo...

Anda qué bien!!! Menudo viajecito te estás marcando. Me alegro. Espero nuevas entradas.Disfruta toooodo lo que puedas Besos.

ulises dijo...

Gracias Nieves, seguiré contando.

EriKa dijo...

Pasatelo bien y disfruta de las vacaciones.
Que gracia lo de las vacas.
Sigue contando tu viaje, es como si estuvieramos allí.

Pecosa dijo...

Muy chulas las fotos, qué majos los nenes chapoteando.

Yo hubiera hecho lo mismo, hablarles en inglés, hablen francés o no lo hablen, que siempre estamos igual, que "no entienden". Pues en inglés, coño.

Qué caña la web de esta gente. Por cierto, ni idea de porque las francesas están delgadas, pero te digo una cosa: a mí no me gusta. Es que tienen muy pocas curvas. Flacas, sin tetas... No sé si me convence.