Después de esquivar a alguna oveja que se cruza en la carretera el chófer para en una zona llena de pedruscos en donde se grabó alguna escena de Braveheart. Hay unas vistas del valle impresionantes y la gente, yo incluído, hace fotos sin parar. En diez minutos estamos de nuevo en el bus y bajamos el valle glacial hacia Glendalough. Lough significa lago. En este enclave hay dos, uno pequeño rodeado de vegetación y otro más abierto donde los patos se dejan hacer unas tomas me imagino que porque alguien les habrá echado migas del bocata. Pero lo importante de este enclave es el asentamiento monástico fundado en el siglo V por San Kevin.
A las dos y media estamos todos en el autobús menos una señora que decide, motu propio, estar repantingada en un bar mientras los demás nos morimos de hambre (bueno, yo no, porque soy previsor y siempre llevo un paquete de galletas en la mochila). Después de pedir perdón por la señora, completado el rebaño, la vuelta la hacemos subiendo por la ladera de otra montaña. Nuestro guía de más de 70 años reanuda sus soliloquios explicando que en estas montañas es de los únicos sitios del mundo donde hay un sistema de almacenamiento de electricidad basado en la variación de alturas de sus lagos, la importancia de la madera de roble de estos bosques para la construcción de barcos y palacios, de los yacimientos mineros (primero oro y después cobre)...
Llegamos a un pueblo llamado Avoca Village donde vamos a comer. Este antiguo pueblo minero dio nombre a diez pueblos en EEUU y tres o cuatro en Australia dedicados también a la minería debido a la emigración irlandesa. En el pueblo hay un antiguo molino de agua utilizado para en la época industrial para mover telares para la fabricación de mantas. Allí siguen haciéndolas pero con maquinaria eléctrica más productiva. Después de comer en una coqueta cafetería nos invitan a verlo pero rápidamente para no perder el autobús. Nos hemos quedado con las ganas de chafardear por la tienda. La vuelta a la ciudad es más relajada y alguno echa una cabezadita.
El miércoles, de museos. Impresionante el Chester Beatty (gratis, entretenido,buen café y comida). Este ingeniero en minas enriquecido en América donó a la ciudad un auténtico tesoro. El Arqueológico Nacional es también muy recomendable, aquí tienen todos los restos del yacimiento vikingo encontrado al excavar para hacer el ayuntamiento. El de Historia Natural prescindible, bichos disecados llenos de polvo, aunque a los niños les mola.
El jueves vuelta a otro país al borde del rescate. Me quedo con las ganas de ver más rincones de la "isla esmeralda".