
"Crisis, año 6". Se acerca el aniversario de la creación de mi blog.
Empecé con una divagación económica de esas que se fraguan ahogando las
penas entre vinos y cervezas después de perder unos pequeños ahorros en
el malogrado parqué madrileño de finales del 2007 y principios del 2008.
Ultimamente me está molestando muchísimo de la clase política el afán
por conservar sus poltronas y sus sueldazos que ven amenazados por el
excesivo coste de la Seguridad Social. Después de gastarse el dinero de
Loterías del Estado comprando bonos españoles han vuelto a hacer lo
mismo con las arcas de la Seguridad Social. El resultado es que no hay
dinero para las pensiones, los parados ni la sanidad pública. Están
haciendo una campaña mediática engañando a la gente sin trabajo para que
se autoempleen montando un negocio. Para ello incentivan a los parados
a pedir la capitalización de la prestación por desempleo y así montar
un negocio que, a mi parecer, acabará siendo ruinoso y acabará hundiendo
más a esa persona. El problema es que, careciendo de inversión, esos
negocios acaban siendo negocios basados en el consumo; tiendas, bares,
academias, peluquerías, etc. Y lo que está claro es que el dinero
destinado al consumo está disminuyendo. Los que salen beneficiados por
esto son generalmente los rentistas de los alquileres y la Seguridad
Social que deja de pagar una prestación. Lo bueno de esta época de
recesión, como dice un economista, es que hemos sabido controlar la ira
para no acabar en una guerra mundial como en la de 1929. Todo este
rollo, que no viene a cuento de lo que quiero hablar en este post, me ha
venido a la cabeza por la idea de "vuelta a los orígenes y al trueque"
pasando de la macroeconomía y los entes estatales. Hace unos días vi un
reportaje en "la dos" sobre como se había repuesto la sociedad islandesa
a los desastres financieros de sus bancos y eso ha sido posible
abandonando la vida cómoda de Reikiavik y retomando su potencial
pesquero y conservero abandonado por los lujos de las ciudades. La
vuelta al pueblo de los abuelos. Ese es el mejor camino a seguir a mi
entender. Negocios basados en la producción agroalimentaria tan preciada
a nivel internacional.
¿Desde cuando los tomates no saben a tomates? En 1984 se estrenó "Dos mejor que uno" con José Sacristán y Antonio Resines.

En este película todo el vecindario de una barriada madrileña se implica
ayudando a un cuidador de un solar que decide plantar tomates y
disfrutar tanto del hecho de trabajar la tierra como el de comer después
una ensalada entre amigos. Merece la pena verla y darse cuenta de las
cosas que verdaderamente importan.
Y ahora si que empiezo con la entrada del blog. El libro adulto, que no erótico, de Elvira Lindo "Lo que me queda por vivir". Es un texto intimista, recuerdo del tiempo pasado de la protagonista y el
de su hijo. Ella hace una valoración de su labor como madre. Refleja la percepción que una
madre tiene de su hijo como un ser extraño diferente a ella tanto en la actualidad como en el pasado. Con una visita al pueblo de su infancia ve lo diferente que son ambos. Como en casi todas las novelas costumbristas hay muchos matices autobiográficos como su trabajo en la radio o individuos que se le habrán cruzado en la vida y han acabado como personajes de su narrativa. El libro, sin ser divertido, es fácil de leer gracias al gran manejo del lenguaje de la escritora. Para los que se acercan a la edad de la escritora y han vivido Madrid en esos años narrados puede que les llegue más que a otros. Echo en falta más situaciones cómicas que rompan la seriedad del texto. Aparte de artículos no se si ha escrito algo más sobre NuevaYork pero me gustaría una novela de ella ambientada en los barrios neoyorkinos.
Esta novela no es recomendable para aquellos que buscan una trama con un héroe un villano y una mujer hermosa. No tiene una exposición-nudo-desenlace. Es lo que recuerda la protagonista y lo que objetívamente le pareció a ella.