
Sentí una añoranza de ese aparato y de todo lo que significó para mí.
Laboralmente llegué a dominarlo a la perfección aún destrozando las agujas de diamante para lograr efectos no grabados.
Personalmente lo comparo con los libros de papel.
Los simios tienen la capacidad y el gusto de aprehender objetos con sus extremidades superiores. El hecho de tocar y manipular cosas, lejos de la utilidad, provoca un placer no siempre valorado.
Cuando elegías un disco manipulabas el cajón desplazando las carátulas de los anteriores y posteriores hasta que conseguías el que buscabas. En el camino habías visto otros tantos que separabas en un montañita para añadirlos a tu sesión.
En el instituto, en la clase de dibujo, teníamos una evaluación que consistía en hacer una carátula para un imaginario disco superventas.Cuando salió el CD todo el mundo estaba de acuerdo con la limpieza del sonido y la durabilidad del soporte físico. Hoy hemos llegado al extremo de no necesitar ni soporte físico (con la conexión a la web es suficiente).
Se me estropeó el equipo de música y ahora mis discos están al fondo del trastero cogiendo polvo.
Fiel reflejo del sentimiento que padezco es la película Alta Fidelidad, una comedia romántica que gira entorno a este tema.
Voy a visitar ebay en busca de algún Denon o Technics porque esta angustia me está matando.