

Siento mucho no haber posteado lo suficiente en este viaje. Entre que, no había mucho que contar, que la conexión era mala y que la cobraban a 13$ al día, he preferido hacer un resumen.
Se me olvidó contar que antes de llegar a Punta Cana los azafatos rociaron toda la cabina del avión con un producto desinfectante obligados por las autoridades dominicanas. Increíble teniendo en cuenta que en la isla se da el dengue, la malaria y el cólera.

El idioma, os diré que entendía mejor a los indios en inglés que a los dominicanos en español.

Disfruté mucho viajando en guagua. Cuando se coge este transporte no sabes exactamente cuando vas a llegar, pero tu eliges el punto de destino. Sólo tienes que gritar ¡chofél, déjeme acá! ¡chofél, pare ya, que no sabe usté lo que me va a hacer! Todo ello sin hacer mención de levantarse del asiento.
La religión evangelista protestante es la predominante. En la radio de una guagua un cura estaba contando con pelos y señales la visita del Papa a República Dominicana. Un chico que estaba trincándose una botella de ron en los asientos traseros no se aguantó más y le gritó al cobrador ¡pon salsita y quita a esos curitas que nos morimos! Todos nos reíamos pero era lo que pensábamos desde hace rato. El bus se paró para que bajase una chica y el del ron se apeó con la excusa del aseo. Al rato, con el pantalón caído enseñando el calzoncillo, volvía con un vaso repleto de hielos para seguir con la botella.


El aire acondicionado, cuando faltaban 100 kilómetros, hizo caput y por lo visto los únicos que no nos quejábamos éramos nosotros.
Es gracioso el método de pago. Tú, subes, te sientas, y cuando le apetece al cobrador es cuando tienes que pagar. Si estás en la parte de adelante y alguien te toca el hombro es una señal de que te toca apoquinar. Si te mira a los ojos y te apunta con el dedo índice es que tienes que abrir la cartera. Puedes estar rodeado de gente que no ha pagado pero todavía no ha llegado su hora.
En el hotel ha habido muchas fiestas, en la playa por la noche fuegos artificiales, congas, música disco y todo ello acompañado de hamburguesas, perritos y cervezas. Un animador nos engañó para participar en un concurso de pulsos diciendo que lo iba a apañar. Llevaba razón, los que perdimos ganamos un tartazo de merengue en la cara. Lo bueno fue la guerra de merengue que le siguió.
Las playas de la zona eran impresionantes y estaban plagadas de perlitas verdes de las algas.

Tenías que salir a caminar y correr casi por obligación. Cuando leí comentarios en foros sobre el hotel ponía en casi todos que la gente vuelve con dos o tres kilos de más. Yo lo he hecho con cinco.
Eso de desayunar huevos con beicon, patatas reboz

adas, pan, zumo, cuatro bollos, mango, papaya, chinola, dos tortitas con nutella y café con leche durante 12 días ha podido influir en ello. Pero es que soy débil.
Estaba bajo una sombrilla en la piscina y no sabía decir que no al camarero que me ofrecía unas brochetas de fruta, tampoco a las camareras que me traían piñas coladas y menos aún al puesto itinerante de tartas de chocolate y frutas.
Es un buen lugar para olvidarte del estrés de los países desarrollados. La climatología muy buena, incluidas algunas nubes de vez en cuando.