
Después del mundo de la maría pasamos al

mundo de la cerveza y el chocolate.
Al igual que Amsterdam, las calles de Brujas están cortadas por canales y puentes (de ahí su nombre).
En el siglo XII fue un importante centro de negocios de la lana. Ahora su puerto es el segundo en importancia de Bélgica. Lo que es el centro histórico, la Plaza Markt, está plagada de turistas y calesas “limpias” (los caballos llevan pañales). Es una ciudad completamente empedrada y muy tranquila para pasear, sobre todo en estas fechas. A las personas mayores este lugar les gusta más que el trajín de Amsterdam.


Hay impresionantes edificios neogóticos y otros posteriores que hacen de sus plazas unos conjuntos arquitectónicos coherentes y le dan uniformidad a toda la ciudad.
Esto es una de las cosas que me enferma de la urbanización española.
Los amantes de la espumosa no pueden morir sin visitar esta ciudad. Hay una fábrica abierta al público con restaurante llamada “De Halfe Maan” (La media luna). Tiene muy buena pinta pero después de haber hecho la de Heinneken dejamos esta para futuras visitas. Los pubs y cervecerías están en una continua competición por ser el sitio con la carta de cervezas más amplia de Bélgica. Muchos dicen que las tienen pero, en vez de 300 tienen realmente 150.


Había uno llamado Cambrinus (con una comida estupenda) que tenía 450 y su carta era como el Libro Gordo de Petete. Por la noche estuvimos en un local del siglo XVII que lo nombran en muchas guías de viajes. Para encontrarlo está difícil pero una vez descubierto te das cuenta de que ha merecido la pena. El ambiente era muy bueno, los trabajadores entendían mucho de cerveza y los precios eran razonables. Yo casi siempre pedía una tripel (triple fermentación) y me gustaban casi todas las marcas. Un éxito total. Recomendable para todos. Abstenerse familias con niños.
El chocolate es otra de las grandes industrias de Bélgica. No verás una calle de Brujas , con locales comerciales, que no tenga una bombonería, chocolatería o taller artesano del cacao. Como estás rodeado de ellas no te queda más remedio que caer en la tentación.

Aparte de plazas, museos, ayuntamiento y parques públicos había un recinto monacal “el beguinario” que me gustó bastante por su quietud e historia.

Era el lugar al que se retiraban las mujeres que habían dejado de tener familia conviviendo unas con otras pero que podían abandonar en caso de que su situación cambiase.
En un parque en las afueras había seis o siete molinos holandeses descomunales que me mataron el gusanillo de no haberlos visto en Holanda.
Me he quedado con las ganas de pasar un par de días más aquí. Iba un poco reticente porque hace unos años vi una película titulada “Perdidos en Brujas” de Colin Farrell que ponía a la ciudad como un sitio aburrido y ñoño. Pero exceptuando el tema de horarios, contagiado por Francia, lo demás ha sido estupendo
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