
El propósito del día es ir a “Isla Elefanta” a unas millas en barco de Bombay. Como ya me he envalentonado con la ciudad he decidido adentrarme por una avenida que no tarda en convertirse en un arrabal lleno de pobreza, mugre, ratas, y talleres donde arreglan calesas de turistas. Es un barrio musulmán con alguna lonja a modo de mezq

uita. Todos van con chilaba y casquete blanco. Se ven grupos comprando el almuerzo. Se ve como estrellan huevos sobre una bandeja, vuelta y vuelta, y lo comen con un pan ácimo que no se ve muy higiénico. Cuando la calle se hace más estrecha las aceras dejan de existir porque se usan como locales gratuitos para montar una barbería o negocios por el estilo. Los huecos que quedan son utilizados como vivienda. Se ve como hay en un hueco una familia entera, el niño durmiendo desnudo, la madre despiojando a la hija y el padre aspirando algún tipo de droga mientras quema papel de aluminio. Hemos llegado a un cruce y decidimos cambiar de dirección (bueno, lo decido yo) para llegar a un rascacielos que hay junto al paseo marítimo.

La calle que cogemos sigue siendo igual de pobre pero ésta es hinduista, toda ella dedicada a talleres de tarjetas (bodas, felicitaciones, etc). Hay pequeños templos y alguna que otra vaca por la calle. Tener una vaca en Bombay es tener un medio de vida. Su dueño o dueña está junto a ella fabricando bolas de hie

rba que vende a la gente para dárselas y poder tocar un poco al animal.

En el paseo cogemos un taxi hasta el embarcadero. Isla elefanta es una isla con un laberinto de cuevas construidas en la roca que forman un conjunto de templos del siglo 450-750 dC en el que hay un gigantesco relieve de Sadhashiva (un Siva de tres cabezas destructor, creador y conservador).

La visita merece la pena pero, como pone en muchas guías, hay que llevar zapatillas de deporte. Si no lo haces, puedes coger un trenecito para que te acerque a las escalinatas y una vez allí subir en una silla tirada por dos indios. El lugar está plagado de monos y perros. Con los monos hay que tener cuidado

porque roban a los turistas. Uno de ellos fue corriendo hasta un japonés y le quitó de la mano una botella de agua que hábilmente abrió y bebió. Aquí en India el concepto de mascota es muy distinto al occidental. Ves como el rol canino ha pasado a pertenecer a las cabras,

las pasean, las dejan atadas a las farola mientras entran al bar y les susurran al oído. Los perros en cambio es la casta paria del reino animal. El pobre mamífero, completamente dependiente del ser humano, vive sin vivir, es un fantasma, cuando los ves parece que están muertos. Los monos de “Isla Elefanta” lucen mayor humanidad compartiendo chucherías con “el mejor amigo del hombre”.