jueves, 25 de noviembre de 2010

¡Jó, que día!

Después de lo que pasó con el vuelo a Bangalore pensamos que la salida sería diferente. Nuestro destino era Mysore, una ciudad plagada de palacios y otras atracciones como seda, especias e incienso. Nuestra intención era coger un tren rápido (dos horas, 139 Km) que nos iba a costar 600 rupias. Tratando de hacer la reserva por la noche el sistema de Visa utilizado por Citibank no era compatible con el de mi banco y por seguridad los míos no querían pagar. La solución, pagar en ventanilla. Cuando hicimos el check-out en recepción pedimos un taxi para ir a la estación y nos dijo que vendría en 50 minutos. Al pasar 70 el recepcionista se acerca a mí y me dice que no me preocupase que ya le había dicho al de la puerta que parase cualquier cosa con ruedas. Al cabo de un rato un taxista nos llevó a la estación con tanta suerte que llegamos justo diez minutos más tarde de partir el tren de alta velocidad. Respiramos hondo. Nos fuimos a coger unos tiques para otro. Los indios no saben para que están las colas. Todo el mundo pegándose en la ventanilla para que les atiendan. Cuando logré hacerme un hueco pedí dos billetes para un tren Mysore llamado TipuExpress y la de la taquilla me dio dos para Mysore a secas. Le pedí de la clase superior que hubiera en el tren y me dijo que la II. El billete costaba 50 rupias y eso me mosqueó un poco. En el billete aparecía el número de un tren que no existía. Cuando conseguí encontrar una garita de información me escribieron detrás otro número que era el que debíamos coger y que estaba haciendo entrada en ese momento. El viaje que hicimos puede que sea el que mejor quede grabado en nuestro recuerdo. Fue una cosa difícil de olvidar. La gente como no cabía sentada ni de pie se tumbaba en las bandejas de los maleteros. El tránsito continuo de vendedores ambulantes dejaba un continuo olor a sus manjares cargados de curry y especias. El viaje duró más de tres horas, y en las paradas de enclaves rurales abundaban hombres con doty, bueyes astados tirando de carretas cargadas de cañas y cantidad de vividores que mendiguean a los pobres musulmanes que saben que no pueden negar la caridad. Una vez en el punto de destino y con olor a choto en el cuerpo fuimos andando al hotel que habíamos reservado y al llegar le dije mi nombre a la recepcionista y se quedó blanca. Me dijo que esperásemos un poco sentados y que si queríamos tomar algo. Dijimos que agua mineral. Viene un camarero con dos vasos de agua que los dos creímos ser mineral y resultó ser regular (del grifo). Tenía un gusto picante y yo bebí un trago de ella. Vamos que era para escupirla. Después trajeron la que si era mineral. Al momento apareció el manager del hotel para explicarme que no teníamos la habitación que habíamos reservado porque el señor que estaba antes se había indispuesto y no había podido irse. Le dije que no entendía muy bien el inglés pero que si lo que me estaba diciendo es que no había habitaciones en todo el hotel. Con cara de circunstancia me dijo que no. Que nos hacía un descuento en un hotel que había cerca. Nosotros le dijimos que en ese no porque no nos gustaba. Le dije que llamase a otro que estaba mejor pero un poquito más lejos para ver si tenía habitaciones. El hombre lo hizo y nos llevaron en Mercedes a un centro de Spa junto al campo de golf y la habitación nos salió más barata y el complejo era mejor.
Continuará…

5 comentarios:

Juanjo dijo...

Ya puedes decir que has viajado en un autentico medio de transporte hindu,nada de turistadas...debio ser toda una experiencia
Al final el hotel fue una merecida recompensa
Un abrazo

IBE dijo...

Todavía os queda ir en un rickshaw tirado por una persona, como en LA CIUDAD DE LA ALEGRÍA, je,je

No se donde estará el truco del complejo con spa y golf, no será un lupanar de alto standing, ja,ja

Menuda odisea de viaje, aunque en uno organizado puedes tener que hacer un vuelo interno de una punta a otra del Nilo con el billete a nombre de una francesa, pero bueno...llegas a tiempo a los sitios.Menos mal que no pasa nada.

Mica dijo...

Ahhhhhhhhhh, pero que fuerte me parece todo. Pedazo de habitación. Vamos que este viaje va a ser totalmente inolvidable, del que siempre tendrás algo de contar, aunque pasen los años.

buda dijo...

¡Vaya aventura!pero parece ser que merece la pena no?

Un besico

Pecosa dijo...

Madre mía, ¡qué tensión! Yo creo que no he nacido para los viajes-aventura. Me encanta conocer anécdotas, y que nos lo expliques tan bien y con tantas fotos, pero yo creo que ya me habría quedado calva de los nervios, ¡jajajaj!

En cualquier caso, un viaje inigualable (y los hoteles son la pera limonera).